Empieza casi siempre igual: una molestia sorda al fondo de la boca, detrás de la última muela, que aparece un día y ya no termina de irse. Al pasar la lengua notas una zona más abultada, quizá un trocito de encía hinchada que se muerde al masticar. Comes por el otro lado, aguantas unos días y a veces se calma sola. Hasta que vuelve, y esta vez con la cara algo tensa y la sensación de que la boca no abre del todo.
Esa muela que empuja al final de la arcada es el tercer molar, lo que todo el mundo conoce como muela del juicio o cordal. Sale más tarde que el resto, normalmente entre los 17 y los 25 años, y precisamente por eso genera tantas dudas: ni todas duelen, ni todas hay que quitarlas, ni dejarlas puestas es siempre lo mejor. En la consulta de Dr J L Mas, en Santa Coloma de Gramenet, es uno de los motivos por los que más gente joven pide cita, casi siempre con la misma pregunta: ¿me la tienen que sacar o no?
Qué es la muela del juicio y por qué da tantos problemas
Las muelas del juicio son las últimas piezas en aparecer, una en cada esquina de la boca. Cuando erupcionan, se encuentran una arcada que ya está completa y, muchas veces, sin sitio suficiente para colocarse bien. Ahí está el origen de casi todos los problemas: no es que la muela sea «mala», es que llega tarde y a un espacio que ya está ocupado.
Cuando hay hueco de sobra, la cordal sale recta, se coloca en su lugar y funciona como una muela más. El problema aparece cuando el espacio se queda corto y la muela empuja igualmente. Entonces puede quedarse a medio salir, torcerse hacia el diente de al lado o quedar completamente atrapada dentro del hueso. Es lo que se llama una muela del juicio impactada.
Por qué duele aunque no haya caries
El dolor de una cordal casi nunca viene de una caries en la propia muela. Suele deberse a otras causas:
- Presión al erupcionar: la muela empuja para salir y comprime el hueso y la encía de alrededor. Es una molestia que va y viene según avanza.
- Inflamación de la encía que la cubre: cuando la muela sale a medias, queda un pliegue de encía por encima donde se acumulan restos y bacterias. Esa zona se infecta con facilidad y se inflama, algo que en la consulta llamamos pericoronaritis. Es una de las causas más frecuentes de dolor agudo y de esa sensación de no poder abrir bien la boca.
- Empuje sobre el resto de dientes: una muela torcida presiona contra la que tiene delante y genera una molestia difusa que a veces se confunde con dolor de oído o de mandíbula.
Cuándo hay que quitar la muela del juicio
No existe una norma que valga para todos. La decisión se toma pieza a pieza, después de una exploración y una radiografía panorámica que permite ver la posición exacta de la muela, hacia dónde apunta la raíz y qué relación tiene con el nervio y con el diente vecino. Dicho esto, hay situaciones en las que la extracción suele ser la opción razonable:
- Infecciones de repetición: si esa encía se inflama una y otra vez, limpiar la zona no basta y conviene retirar la muela que crea el problema.
- Muela impactada que daña al diente de al lado: cuando la cordal empuja en horizontal contra el segundo molar, puede provocarle caries o pérdida de hueso por detrás, y ese segundo molar sí es una pieza que merece la pena conservar.
- Caries imposibles de tratar: por su posición al fondo, muchas cordales son muy difíciles de limpiar y de empastar; si se pican, a veces la mejor opción es quitarlas.
- Quistes o lesiones alrededor de la muela retenida: se detectan en la radiografía y requieren tratamiento.
Cuándo se puede dejar puesta
Quitar una muela del juicio que no molesta y está bien colocada no siempre es necesario. Si la cordal ha salido recta, muerde correctamente contra la de arriba y se puede limpiar como cualquier otra pieza, lo lógico es conservarla y revisarla en las visitas de control. También hay muelas retenidas dentro del hueso, sin síntomas y sin dañar a nada, en las que se opta por vigilarlas periódicamente en lugar de intervenir. La clave siempre es la valoración individual: cada boca es distinta y la radiografía manda.
Cómo es la extracción y qué esperar después
La imagen que muchos tienen de la muela del juicio es la de una operación temible, y esa fama viene sobre todo de los casos complicados, que son los que más se cuentan. La realidad es más variada. Una cordal que ya ha salido y está recta se extrae de forma sencilla, parecida a la de cualquier otra muela. Una muela impactada dentro del hueso requiere una intervención más elaborada, con anestesia local y a veces algún punto de sutura, pero es un procedimiento reglado que se realiza a diario.
En los días posteriores es normal cierta hinchazón y molestias en la zona, que se controlan con las indicaciones del profesional. El frío local las primeras horas, una alimentación blanda y una buena higiene ayudan a que la recuperación sea más cómoda. Como en cualquier procedimiento quirúrgico, existen riesgos y contraindicaciones que se explican en la consulta antes de decidir, y los tiempos de recuperación varían de una persona a otra.
¿Hay que reponer la muela del juicio después de quitarla?
Es una duda muy razonable, porque con otras piezas sí conviene reponerlas para que la boca no se descompense. La muela del juicio es distinta: al estar al final de la arcada y no tener función masticatoria imprescindible, en la mayoría de los casos no hace falta sustituirla. No es lo mismo que perder una muela funcional, donde el hueco sí tiene consecuencias con el tiempo, algo que explicamos en detalle en este artículo sobre qué pasa si falta una muela y no se repone. Cuando la ausencia sí afecta a la masticación, existen soluciones como el implante dental unitario, que se valoran caso por caso.
Qué hacer si te está molestando ahora
Si notas presión, la encía del fondo inflamada o dolor al abrir la boca, lo primero es mantener esa zona muy limpia y evitar acumular restos alrededor de la muela. Los enjuagues templados con agua y sal pueden aliviar de forma puntual, pero no resuelven la causa. La molestia de una cordal tiende a repetirse, y cada episodio de inflamación deja la zona más sensible, así que lo sensato es que un profesional vea qué está pasando antes de que se convierta en una infección aguda.
A veces el dolor del fondo de la boca no viene de la muela del juicio, sino de otras causas que conviene descartar, como una encía retraída o una sensibilidad dental mal localizada. Por eso el diagnóstico no se hace a ojo: hace falta explorar y, casi siempre, una radiografía.
En nuestra consulta de Santa Coloma de Gramenet estudiamos cada cordal de forma individual, te explicamos con la radiografía delante en qué situación está la tuya y decidimos contigo si conviene quitarla o vigilarla. Si llevas días con molestias al fondo de la boca, pide tu cita de valoración y lo miramos con calma antes de que vaya a más.