Estás comiendo y de repente notas un escozor en la cara interna del labio o en el borde de la lengua. Al pasar la lengua por la zona descubres una llaga pequeña, redondeada, blanca o amarillenta con el borde rojo, que molesta al hablar, al masticar y sobre todo cuando toca algo ácido o salado. A los pocos días se va sola, pero cuando ya te habías olvidado del tema vuelve a aparecer otra, a veces en el mismo sitio y a veces en otro.

Si te suena, tienes aftas, una de las lesiones más frecuentes de la boca y también una de las que más se normalizan. Mucha gente convive con ellas durante años dando por hecho que «le salen y ya está», sin preguntarse por qué. Y aunque la mayoría de las veces son molestas pero inofensivas, conocer qué las provoca ayuda a que salgan menos y a distinguir el afta corriente de una llaga que merece una revisión. En la clínica de Dr J L Mas, en Santa Coloma de Gramenet, es uno de los motivos de consulta rápida que más se repiten.
Qué es un afta y en qué se diferencia de otras llagas
Un afta, o úlcera aftosa, es una pequeña erosión que aparece en la mucosa que recubre el interior de la boca: cara interna de labios y mejillas, suelo de la boca, laterales y punta de la lengua o paladar blando. Es una zona sin la protección de la piel, muy sensible, y por eso duele tanto para el tamaño que tiene.
La imagen típica es una úlcera redonda u ovalada, con el fondo blanquecino o amarillo y un halo rojo alrededor. Puede salir sola o acompañada de dos o tres más a la vez.
No es lo mismo que un herpes labial
Es importante no confundir el afta con la clásica calentura o herpes del labio. El herpes labial es de origen vírico, sale casi siempre en el borde externo del labio (la parte con piel), empieza con hormigueo y forma vesículas con líquido que después se agrietan y hacen costra. El afta, en cambio, aparece dentro de la boca, no forma ampollas y no está causada por ese virus. Se tratan de forma distinta, así que identificar cuál es la que tienes ya es media consulta resuelta.
Por qué aparecen las aftas
No hay una única causa, y esa es una de las razones por las que despistan tanto. En la mayoría de los casos son varios factores que se juntan. Estos son los que vemos con más frecuencia.
Pequeños traumatismos en la mucosa
Un mordisco sin querer al hablar o masticar, el roce del canto de un diente astillado, el borde de una prótesis que no encaja bien, un empaste con una arista o un cepillado demasiado brusco. Cualquier microherida en esa mucosa tan delicada puede convertirse en un afta. Es, con diferencia, el motivo más habitual de las que salen siempre en el mismo punto.
Estrés y falta de descanso
Es uno de los desencadenantes más claros. Muchas personas notan que las aftas les brotan justo en épocas de exámenes, de mucho trabajo o de dormir mal. No se conoce el mecanismo exacto, pero la relación entre estrés sostenido y aparición de úlceras aftosas está bien documentada.
Ciertos alimentos y productos de higiene
Los alimentos ácidos (cítricos, tomate, piña, vinagre), muy salados o muy picantes pueden irritar la mucosa y facilitar que aparezcan o empeoren. También hay pastas de dientes y colutorios con un componente espumante, el laurilsulfato de sodio, que en personas sensibles se ha relacionado con más aftas de repetición; cambiar a una pasta sin ese ingrediente ayuda a algunas de ellas.
Cambios hormonales y factores personales
Algunas mujeres notan más brotes en determinados momentos del ciclo. También hay un componente individual y a veces familiar: personas que las padecen desde jóvenes y otras que prácticamente nunca las tienen. Dejar de fumar, aunque siempre es beneficioso, puede producir en algunos casos un aumento temporal de aftas durante las primeras semanas.
Déficits nutricionales y otras causas de fondo
Cuando las aftas son muy frecuentes, muy numerosas o muy grandes, conviene descartar carencias de hierro, ácido fólico, zinc o vitamina B12. En estos casos el afta es la parte visible de algo que ocurre por dentro, y ahí la valoración deja de ser solo dental.
La boca seca, un terreno que lo facilita
Cuando falta saliva, la mucosa pierde su lubricación y su protección natural y se vuelve mucho más vulnerable a las heridas y a las aftas. Por eso las personas con sequedad bucal, ya sea por medicación, por respirar por la boca o por otras causas, suelen tener más episodios. Si notas la boca pastosa a todas horas, merece la pena entender de dónde viene esa sequedad; lo desarrollamos en este artículo sobre qué es la xerostomía y qué le hace a tus dientes. Cuidar la higiene y mantener las encías sanas también reduce la irritación general de la boca, algo que abordamos al hablar del sangrado de encías y su relación con la gingivitis.
Cómo aliviar un afta y ayudar a que se cierre antes
La mayoría de las aftas comunes se resuelven solas en un plazo aproximado de una a dos semanas. Mientras tanto, algunas medidas sencillas hacen el proceso más llevadero:
- Evita lo que irrita: durante esos días, reduce los alimentos ácidos, muy salados, muy calientes o muy picantes.
- Cuida la higiene con suavidad: mantener la boca limpia previene sobreinfecciones, pero cepilla con delicadeza alrededor de la lesión para no volver a rozarla.
- Enjuagues suaves: los enjuagues con agua tibia y una pizca de sal alivian de forma temporal a muchas personas.
- Revisa tu pasta de dientes: si tienes aftas de repetición, probar una pasta sin laurilsulfato de sodio durante unas semanas puede marcar la diferencia.
Existen geles y productos de farmacia que forman una película sobre la úlcera y reducen el dolor. Cualquier tratamiento que vaya más allá de aliviar la molestia conviene consultarlo, porque no todas las llagas responden igual y algunas necesitan un enfoque distinto. Todo empieza por una valoración profesional, que es la que permite adaptar las pautas a cada caso, porque los resultados varían de una persona a otra.
Cuándo dejar de esperar y pedir cita
El afta corriente molesta, pero se cura sola y no reviste importancia. Hay situaciones, sin embargo, en las que una llaga en la boca deja de ser un asunto menor y conviene que la revise un profesional cuanto antes:
- Una llaga que no cierra pasadas dos o tres semanas.
- Aftas muy grandes, muy dolorosas o que dejan cicatriz.
- Brotes muy frecuentes o varias úlceras a la vez de forma repetida.
- Aftas acompañadas de fiebre, malestar general o lesiones en otras partes del cuerpo.
- Una herida que sangra con facilidad, que presenta los bordes endurecidos o que cambia de aspecto.
En estos casos, revisar la lesión sirve tanto para poner solución como para descartar otras causas. Y si notas que las molestias en la boca vienen acompañadas de mal aliento persistente, ese detalle también aporta pistas sobre lo que está pasando; lo explicamos en este artículo sobre de dónde sale la halitosis.
En resumen
Las aftas son llagas benignas y muy frecuentes, casi siempre por una mezcla de pequeños roces, estrés, alimentación y factores personales. La mayoría se van solas y solo piden un poco de paciencia y cuidado. Pero cuando aparecen una y otra vez, cuando son grandes o cuando una no termina de cerrarse, dejan de ser un simple fastidio y merecen una mirada profesional. Identificar qué las está provocando en tu caso es lo que permite que salgan menos.
Si te salen aftas a menudo o tienes una llaga que no acaba de curar, en la Clínica Dental Dr. Mas de Santa Coloma de Gramenet la revisamos con calma y valoramos qué hay detrás. Pide tu valoración y lo miramos contigo.