Apretar los dientes despierto: estrés, tensión facial y sus consecuencias en la salud

apretar los dientes despierto

Apretar los dientes despierto es un gesto que muchas personas hacen sin darse cuenta, especialmente en momentos de estrés, concentración intensa o preocupación. En apariencia parece algo inofensivo, pero mantener la mandíbula en tensión durante horas puede dañar los dientes, la articulación y los músculos de la cara y el cuello. Además, este hábito está estrechamente relacionado con cefaleas tensionales, dolor mandibular y sensación de fatiga general al final del día.

Cuando este patrón se repite a diario, el impacto deja de ser solo puntual y se convierte en un problema de salud que afecta la boca, la postura y el bienestar emocional. Apretar los dientes despierto forma parte del bruxismo diurno, una variante en la que la persona es parcialmente consciente del gesto, pero no controla del todo la fuerza ni el tiempo que mantiene los dientes en contacto. Detectarlo a tiempo y abordarlo con un plan específico ayuda a proteger la sonrisa y a reducir dolores que muchas veces se atribuyen a “estrés” sin más.

Por qué apretamos los dientes cuando estamos despiertos

El bruxismo diurno suele estar muy ligado al estrés, la ansiedad y a ciertas formas de concentración intensa. Ante una situación tensa, el cuerpo activa una respuesta de alerta y los músculos de la mandíbula se contraen de forma refleja, igual que se tensan hombros y cuello. Con el tiempo, esa respuesta se vuelve un hábito automático: trabajas, conduces, miras una pantalla… y los dientes permanecen encajados sin que lo notes.

También influyen la postura y la forma de respirar. Pasar muchas horas frente al ordenador, con el cuello adelantado y la boca ligeramente cerrada, favorece que la mandíbula se mantenga en una posición de cierre forzado, con los dientes en contacto. Si a eso se suma una respiración superficial y un estado de tensión mental constante, el resultado es una musculatura facial que casi nunca “descansa” de verdad.

Daño que se produce en los dientes al apretar los dientes despierto

Desgaste progresivo del esmalte

El esmalte es la capa dura que recubre y protege la parte externa del diente. Cuando mantienes los dientes apretados durante el día, aunque no rechines, se genera una presión constante que acelera el desgaste del esmalte, especialmente en las zonas donde los dientes contactan con más fuerza. Si además aprietas mientras comes o masticas chicle con frecuencia, el efecto se multiplica.

Con el tiempo, los bordes incisales y las cúspides de los molares empiezan a verse más planos, mates y menos definidos. Esta pérdida de anatomía hace que la sonrisa se vea más envejecida y los dientes se vuelvan más sensibles al frío, al calor y a los alimentos dulces o ácidos. Una vez perdido, el esmalte no se regenera por sí solo, por lo que prevenir el desgaste es mucho más sencillo que intentar revertirlo después.

Fisuras y fracturas dentales por sobrecarga

La presión repetida sobre los dientes, especialmente en situaciones de estrés intenso, puede producir microfisuras en el esmalte y en las restauraciones existentes (empastes, carillas, coronas). Estas fisuras no siempre se ven a simple vista, pero debilitan la estructura del diente y lo hacen más vulnerable a romperse ante un esfuerzo moderado, como morder algo más duro de lo habitual.

Con el tiempo, esas microfisuras pueden evolucionar a fracturas parciales que requieren empastes o reconstrucciones, o a roturas más profundas que afectan a la dentina e incluso a la raíz. En estos casos, puede ser necesario recurrir a endodoncias, coronas o, en última instancia, a la extracción y reposición de la pieza. Evitar apretar los dientes despierto es, por tanto, una forma directa de proteger tus dientes y reducir la necesidad de tratamientos invasivos.

Daño en encías y estructuras de soporte

La fuerza excesiva transmitida a través de los dientes también llega a las encías y al hueso que los sostiene. Apretar los dientes de forma habitual favorece recesiones gingivales, es decir, la encía se retrae y deja parte de la raíz más expuesta, aumentando la sensibilidad y el riesgo de caries radiculares. Este efecto puede ser especialmente visible en caninos e incisivos, donde la fuerza de cierre suele ser mayor.

Si existe enfermedad periodontal o inflamación previa, la combinación con sobrecarga mecánica acelera la pérdida de soporte óseo. De esta forma, con los años puede aparecer movilidad en determinados dientes y una mayor predisposición a perder piezas, sobre todo si el hábito no se controla y no se complementa con una buena higiene y revisiones periódicas.

Cambios en la mordida y contactos prematuros

El desgaste desigual que provoca el bruxismo diurno puede alterar la forma en que encajan las arcadas. Algunos dientes quedan más cortos, otros mantienen su altura, y se crean puntos de contacto excesivo que desvían la mordida y aumentan la presión sobre piezas concretas. Esto no solo empeora el hábito de apretar, sino que dificulta masticar de manera equilibrada.

En estos casos, el odontólogo puede detectar desgastes característicos, facetas brillantes e incluso cambios en la trayectoria de cierre de la mandíbula. A largo plazo, puede ser necesario realizar pequeños ajustes oclusales, tratamientos restauradores o incluso ortodoncia para recuperar una mordida más estable y reducir la tendencia a apretar los dientes sin darse cuenta.

Consecuencias en la mandíbula, la cara y la cabeza

Tensión facial constante y dolor mandibular

Apretar los dientes despierto mantiene los músculos maseteros y temporales en una contracción casi continua. Esto genera sensación de mandíbula cargada, cansancio al final del día y dolor al masticar alimentos más duros o al hablar durante mucho tiempo. A veces, al tocar los músculos de la cara, se notan zonas muy sensibles o “bolas” de tensión.

Si el gesto se mantiene durante meses o años, la musculatura puede hipertrofiarse, es decir, aumentar de volumen. En algunas personas, esto se traduce en una cara de aspecto más cuadrado o anguloso en la zona de la mandíbula. Además del componente estético, esta hipertrofia va acompañada de más rigidez y mayor facilidad para desencadenar dolor y cefaleas.

Problemas en la articulación temporomandibular (ATM)

La articulación temporomandibular sufre cuando la mandíbula se mantiene en cierre forzado durante buena parte del día. La presión repetida sobre el disco articular y las superficies de la articulación puede generar inflamación, chasquidos, ruidos o sensación de bloqueo al abrir y cerrar la boca. Algunas personas notan que la mandíbula “se va hacia un lado” o que les cuesta morder de forma equilibrada.

Si el problema progresa, puede aparecer dolor localizado delante del oído, dificultad para bostezar ampliamente o incluso episodios en los que la mandíbula se queda trabada momentáneamente. Estos trastornos de la ATM son una fuente importante de molestias crónicas y pueden complicarse si no se corrige el hábito de apretar los dientes y no se protege la articulación adecuadamente.

Cefaleas, dolor cervical y fatiga general

La tensión mantenida en la musculatura masticatoria y cervical se asocia con cefaleas tensionales y dolor de cuello, especialmente al final del día. Es típico que, tras muchas horas de trabajo o estudio, aparezca dolor en sienes, frente, base del cráneo y nuca, acompañado de rigidez y sensación de no poder “desconectar” la cabeza ni la mandíbula.

Esta suma de molestias físicas y estrés emocional genera un círculo vicioso: cuanto más estrés, más se aprietan los dientes; cuanto más se aprietan, más duele la cabeza y el cuello; y cuanto más dolor, más se tensa la persona. Romper ese ciclo requiere actuar tanto sobre el hábito de apretar como sobre los factores que lo disparan.

Tratamiento para el bruxismo diurno: proteger los dientes y relajar la mandíbula

Férulas para bruxismo: protección de las estructuras dentales

Aunque el bruxismo diurno ocurre mientras estás despierto, las férulas para bruxismo pueden ser una herramienta fundamental para proteger tus dientes, sobre todo si también aprietas de noche o si el daño estructural ya es evidente. Se trata de dispositivos hechos a medida que crean una superficie de contacto controlada, distribuyen las fuerzas y evitan que el esmalte siga desgastándose directamente.

En algunos casos, el profesional puede recomendar el uso de la férula también en determinados momentos del día, por ejemplo, cuando realizas tareas que sabes que te generan más tensión (trabajo intenso, conducción, estudio). De este modo, se protege el diente mientras se va trabajando en paralelo la reeducación del hábito.

Neuromoduladores para bruxismo: reducir la fuerza de apriete

Cuando el músculo está muy hipertrofiado o la fuerza de apriete es muy elevada, se pueden utilizar neuromoduladores (como la toxina botulínica) en los músculos maseteros y, en algunos casos, temporales. El objetivo es disminuir ligeramente la potencia de contracción para que, aunque aprietes, no ejerzas una presión tan dañina sobre dientes y articulación.

Este enfoque no sustituye a la férula ni al trabajo sobre el estrés, pero puede ser un complemento eficaz para reducir dolor, evitar más fracturas y mejorar la sensación de descanso de la mandíbula. Suele indicarse de forma personalizada, tras valorar la fuerza muscular, el grado de desgaste y la presencia de síntomas articulares y cefaleas.

Reeducación del hábito y manejo del estrés

En el bruxismo diurno, a diferencia del nocturno, tienes la posibilidad de darte cuenta del gesto y corregirlo en tiempo real. Para ello, se trabaja con estrategias de conciencia y reeducación: recordatorios visuales, alarmas suaves en el móvil o la consigna mental “labios juntos, dientes separados” para comprobar varias veces al día si estás apretando.

Paralelamente, resulta clave abordar el estrés y la tensión emocional que alimentan el hábito. Técnicas de respiración, pausas activas, ejercicios de relajación facial, estiramientos cervicales o incluso apoyo psicológico pueden ayudar a que la mandíbula deje de ser el “escape” de la tensión acumulada. El objetivo es que la relajación de la cara y la boca se convierta en un nuevo automatismo saludable.

Cómo puede ayudarte la Clínica Doctor Mas si aprietas los dientes despierto

Si notas que pasas el día con la mandíbula en tensión, que terminas la jornada con dolor facial, dientes sensibles o cefaleas, es el momento de valorar de forma profesional qué está pasando. En Clínica Doctor Mas podemos analizar el estado de tus dientes, tu mordida, tu articulación temporomandibular y tus hábitos para determinar el grado de bruxismo diurno.

A partir de este estudio, es posible diseñar un plan de tratamiento para bruxismo que combine férulas para bruxismo personalizadas y neuromoduladores para bruxismo cuando están indicados, junto con pautas para reducir la tensión muscular y reeducar el hábito de apretar los dientes despierto. Pedir una cita ahora te permitirá proteger tus dientes, aliviar la tensión facial y mejorar tu bienestar diario antes de que el daño sea mayor.

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